Ir por primera vez a Welcome to Rockville fue una experiencia que se siente diferente desde el primer segundo. No solo porque era mi primer festival en Estados Unidos, sino porque se nota que todo está pensado con una mezcla de orden y variedad que no siempre ves en otros festivales más pequeños o improvisados. La forma en que combinan escenarios, estilos y bandas para todos los gustos hace que el ritmo nunca se detenga y siempre haya algo que te sorprenda.

Un lineup gigante y lleno de momentos únicos
Este año el festival rompió récords: más de 150 bandas repartidas en cinco escenarios durante cuatro días, con un público increíble y récord de 230 000 asistentes según los organizadores.
Lo que más me llamó la atención fue cómo esos nombres tan diversos fueron parte de una narrativa musical que iba desde clásicos hasta propuestas que aún estábamos descubriendo. Por ejemplo, Linkin Park fue uno de los grandes momentos del sábado: además de tocar sus himnos indefectibles como “In the End” y “Numb”, el grupo interpretó en vivo por primera vez “Let You Fade”, una canción que muchos fans esperaban escuchar en un festival de este tamaño.
Por su parte, Green Day dominó uno de los días principales con un set verdaderamente largo: su presentación incluyó más de veinte canciones, comenzando con clásicos como “American Idiot” y “Holiday”, y pasando por himnos como “Boulevard of Broken Dreams”, “Longview” y “Welcome to Paradise”, entre otros que hicieron vibrar a miles de personas. Fue fácil ver por qué, incluso después de tantos años, siguen siendo referentes del punk rock.
Otras bandas que formaron parte del cartel fueron Rob Zombie, con su estética oscura y espectáculo visual; Arch Enemy y Mastodon, aportando potencia técnica y sonidos más pesados; además de tantos otros nombres como Korn, Shinedown, Alice in Chains, Incubus, Pierce The Veil, Sublime y muchas propuestas emergentes que complementaban los escenarios.
El calor fue parte de la historia
No puedo hablar de Rockville sin decir que el sol estuvo intenso como pocas veces. Florida en mayo ya tiene fama por su clima, y ese día se sentía con fuerza: caminabas entre escenarios y el sol parecía acompañar cada riff con intensidad, algo que muchos comentaron como uno de los festivales más calurosos en los que habían estado.
Por suerte, la organización se había anticipado: había aspersores de agua para refrescarse en puntos clave, estaciones gratuitas de hidratación y hasta zonas con aire acondicionado o buses climatizados donde podías entrar a recuperar energías antes de volver a la música. Fue un alivio enorme cada vez que podía tomar un respiro antes del siguiente show.

Más que música: feria, comida y sorpresas
Welcome to Rockville no es solo ir de concierto en concierto. Había juegos mecánicos, una rueda gigante iluminada, puestos de comida y mercadería por todos lados, y activaciones interactivas que te invitaban a explorar cada rincón.
Uno de esos momentos espontáneos y memorables fue cuando entré a un bar con karaoke dentro del festival: la gente se animaba a cantar clásicos del rock, incluyendo canciones de Ozzy Osbourne, mientras los demás aplaudían o se reían desde afuera. Fue uno de esos instantes inesperados que quedan más en la memoria que muchos shows oficiales.

La vibra humana detrás de todo
Lo que más me quedó grabado no fue solo la cantidad de bandas o la logística perfecta: fue la gente. Fans de todas partes, compartiendo recomendaciones de bandas, ayudando con agua cuando el sol apretaba, cantando juntos entre conciertos… había una sensación de comunidad que hacía que todo se sintiera más especial.
Welcome to Rockville 2025 fue más que una serie de shows: fue una celebración del rock en todas sus formas, una mezcla de tradición y novedad, energía imparable y momentos espontáneos que solo pueden pasar cuando miles de personas comparten su pasión por la música.



