Cuatro días en Clisson, Francia, para vivir uno de los festivales de metal más importantes del mundo. Iron Maiden, Megadeth, The Offspring, una estatua monumental de Ozzy Osbourne y un encuentro con Alissa White-Gluz y Dirk Verbeuren forman parte de una experiencia donde la música, la nostalgia y la cultura geek se encontraron con una causa ambiental que también tiene raíces costarricenses.
Hay festivales a los que uno llega por las bandas y de los que termina llevándose muchísimo más. Hellfest es uno de ellos. Del 18 al 21 de junio, la pequeña localidad francesa de Clisson se transformó en el punto de encuentro de miles de fanáticos que viajaron para disfrutar de cuatro días de guitarras, baterías demoledoras y algunos de los nombres más importantes de la historia del rock y el metal.
En su edición 2026, el festival reunió a más de 180 bandas distribuidas en seis escenarios, con propuestas que iban desde el heavy metal clásico y el thrash hasta el punk, el metalcore y los sonidos más extremos. Pero recorrer Hellfest también significa entrar en un universo visual que parece sacado de una película fantástica: esculturas gigantescas, estructuras monumentales, criaturas y rincones que hacen que uno quiera detenerse constantemente para observar y tomar fotografías.
Ozzy Osbourne y los homenajes que hicieron historia
La primera gran sorpresa estaba en la entrada del festival. Allí se encontraba una imponente estatua de Ozzy Osbourne, el legendario vocalista de Black Sabbath, fallecido el 22 de julio de 2025.
La escultura, creada por el artista francés Philippe Pasqua, mide aproximadamente seis metros de altura y se convirtió en uno de los símbolos de esta edición. Con los brazos abiertos y su inconfundible imagen, Ozzy parecía recibir a cada persona que llegaba a Hellfest.
La obra se sumó a otro monumento que ya forma parte de la identidad del recinto: la estatua de Lemmy Kilmister, líder de Motörhead, fallecido en diciembre de 2015. Ver a estas dos leyendas representadas de manera monumental en el mismo espacio es una forma de recordar que el festival también funciona como un lugar de memoria para quienes construyeron la historia de nuestra música favorita.

El homenaje a Ozzy no se quedó en la escultura. Durante la primera noche, después de la presentación de Alice Cooper, las pantallas de los escenarios principales proyectaron un tributo audiovisual al llamado Príncipe de las Tinieblas. Las imágenes recorrieron momentos de su trayectoria mientras sonaba “Mama, I’m Coming Home”, antes de dar paso a “Bark at the Moon” y a un espectáculo de fuegos artificiales.

Fue uno de esos momentos en los que un festival multitudinario consigue detenerse para recordar a una persona que marcó a generaciones enteras. Ozzy fue una figura esencial para el nacimiento y la evolución del heavy metal, tanto con Black Sabbath como durante su carrera en solitario. Su influencia continúa presente en innumerables bandas que hoy ocupan esos mismos escenarios.

Y los homenajes no terminaron ahí. El jueves también tuvo lugar Mikkey Dee with Friends, una presentación encabezada por el baterista que acompañó a Motörhead durante más de dos décadas. En lugar de presentarse con Scorpions, banda de la que forma parte desde 2016, se reunió con otros músicos para celebrar el legado de Lemmy y Phil Campbell.
El repertorio incluyó clásicos como “Ace of Spades”, “Overkill” y “Killed by Death”. Fue una forma de mantener viva la música de Motörhead y recordar a dos figuras fundamentales de su historia.
En Hellfest, la memoria del metal no está únicamente en las camisetas de bandas antiguas o en los discos que seguimos escuchando. También está en esos momentos en los que miles de personas se reúnen para celebrar la música de quienes ya no están, pero siguen formando parte de sus vidas.
Iron Maiden, Megadeth y cuatro días de grandes nombres
El cartel de 2026 fue una auténtica celebración de distintas generaciones del rock y el metal.
El jueves 18, Deep Purple y Alice Cooper aportaron dos perspectivas históricas del rock, mientras Papa Roach y Bring Me the Horizon conectaron con públicos que crecieron con sonidos más contemporáneos. También destacó The Pretty Reckless, con Taylor Momsen al frente, además de propuestas como Breaking Benjamin y Alestorm.

La jornada del viernes 19 tuvo uno de sus grandes protagonistas en Iron Maiden. La banda británica llegó con su gira Run For Your Lives, un recorrido por distintas etapas de una trayectoria que ayudó a definir el heavy metal moderno.
Hablar de Maiden es hablar de riffs inolvidables, canciones inspiradas en literatura e historia y una mascota, Eddie, que se ha convertido en un icono de la cultura popular. Su presencia en Hellfest fue uno de los grandes atractivos para quienes querían reencontrarse con los clásicos de la Doncella de Hierro.

Ese mismo día, el festival reunió a Helloween, Sabaton, Opeth, Accept, Sepultura, Mastodon y Queensrÿche, entre otros. La variedad permitió pasar del power metal melódico a los sonidos progresivos y al thrash sin salir del recinto.
El sábado 20, Megadeth y Anthrax encabezaron una jornada especialmente atractiva para los seguidores del thrash metal. Ambas agrupaciones ayudaron a construir el sonido que definió el género durante los años ochenta, aunque cada una desarrolló su propia personalidad musical.
También estuvieron Limp Bizkit, A Perfect Circle, Tom Morello, Volbeat y Behemoth. Era una combinación que mostraba la amplitud del festival: desde el nu metal y el rock alternativo hasta propuestas extremas con décadas de historia.
El domingo 21, The Offspring tomó el protagonismo junto a bandas como Rise Against, The Hives, Architects y Bad Omens. Y fue precisamente la agrupación californiana la que protagonizó una de las sorpresas más comentadas de la edición.

The Offspring, Taylor Swift y una sorpresa inesperada
Quien conoce a The Offspring sabe que su música suele combinar velocidad, humor y una buena dosis de irreverencia. Por eso, su versión de “Love Story”, el éxito de Taylor Swift, resultó una de las curiosidades del festival.
La banda no se limitó a interpretar sus propios clásicos. Su repertorio incluyó también “Electric Funeral” y “Paranoid”, de Black Sabbath, además de “Crazy Train”, de Ozzy Osbourne, y “In the Hall of the Mountain King”, basada en la composición de Edvard Grieg.
Y entre esos homenajes apareció “Love Story”, transformada al estilo de The Offspring. La elección contrastaba con la imagen tradicional de un festival de metal, pero encajaba perfectamente con el sentido del humor y la personalidad que la banda ha cultivado durante años.
El detalle adquirió todavía más significado al producirse en una edición marcada por el homenaje a Ozzy. The Offspring conectó su propio repertorio con la historia del heavy metal y, al mismo tiempo, sorprendió al público con una canción que pertenece a un universo musical completamente diferente.
Ese tipo de momentos hacen que los festivales sean tan entretenidos. Uno puede llegar esperando escuchar una lista de canciones conocidas y terminar encontrándose con una versión inesperada que se convierte en tema de conversación mucho después de que termina el concierto.
Savage Lands: del escenario a los bosques de Costa Rica
Entre las experiencias más especiales que me dejó Hellfest estuvo conocer a Alissa White-Gluz y Dirk Verbeuren en el espacio de Savage Lands.
Alissa es reconocida por su trabajo como vocalista en la escena del metal extremo, mientras que Dirk es el baterista de Megadeth. Ambos están vinculados a esta iniciativa sin fines de lucro, que utiliza la música y el apoyo de la comunidad metalera para financiar proyectos de conservación ambiental.

La conexión con Costa Rica hace que su trabajo tenga un significado particular. Savage Lands ha impulsado iniciativas de protección de bosques y biodiversidad en nuestro país, además de proyectos de conservación en Francia.
Hellfest mantiene una alianza de cinco años con la organización, con una contribución anunciada de un millón de euros durante ese periodo. En 2026, Savage Lands informó que había plantado 1.500 árboles nativos en los terrenos del festival como parte de sus acciones de regeneración ecológica.
Conocer a Alissa y Dirk en ese contexto fue una oportunidad para descubrir una faceta diferente de artistas que suelen asociarse con escenarios enormes y música contundente. También fue una forma de recordar que la comunidad del metal puede movilizarse por causas que van mucho más allá de los conciertos.

Pensar que una iniciativa de este tipo trabaja en Francia y también en Costa Rica demuestra que la música puede conectar territorios y personas de maneras inesperadas.
Un mundo que se disfruta más allá de las tarimas
Hellfest nació en 2006, a partir de la experiencia de Furyfest, y creció hasta convertirse en uno de los encuentros más importantes de música extrema de Europa. Su sede en Clisson se transforma cada junio en un espacio donde conviven distintas generaciones de fanáticos y una enorme variedad de estilos.
Con seis escenarios funcionando a lo largo del festival, elegir qué ver se convierte en un desafío. Mientras una banda toca en una tarima principal, otra puede estar ofreciendo una presentación memorable en uno de los escenarios dedicados a sonidos más específicos.
También hay que contar con las distancias y el clima. En esta edición, las temperaturas cercanas a los 35 °C hicieron que hidratarse, buscar sombra y administrar la energía fuera fundamental para disfrutar de las cuatro jornadas.
Pero parte de la experiencia está precisamente en recorrer el recinto, descubrir una banda que no estaba en los planes y detenerse ante una escultura que parece salida de una película. Para quienes disfrutamos de los videojuegos, el cine fantástico y los universos visuales elaborados, Hellfest tiene ese atractivo adicional de convertir la música en una experiencia inmersiva.
Y luego están las personas. Los fanáticos que viajan desde otros países, las camisetas que cuentan historias, las conversaciones entre conciertos y los encuentros inesperados, como el que tuve con Alissa White-Gluz y Dirk Verbeuren.
Al final, Hellfest 2026 fue mucho más que un cartel lleno de grandes nombres. Fue una celebración de la historia del metal, una oportunidad para descubrir distintas formas de vivir la música y un recordatorio de que las figuras que admiramos pueden seguir inspirando incluso después de su partida.
Ozzy y Lemmy tienen ahora un lugar monumental en el paisaje del festival. Sus canciones siguen sonando, sus influencias continúan presentes en nuevas generaciones y sus nombres forman parte de una historia que miles de personas viajan para celebrar cada año.
Y entre esas guitarras, homenajes y escenarios, también hay espacio para una causa que conecta a Francia con Costa Rica: la protección de los bosques.
Porque el metal puede ser ruido, energía y espectáculo, pero también puede ser memoria, comunidad y compromiso. Y esa combinación es la que hace que una experiencia como Hellfest siga resonando mucho después del último acorde.



